La saturación del yo

/ noviembre 22, 2021/ Recomendaciones

En el proceso de la saturación social, nuestros días están cada vez más colmados por la cantidad, variedad e intensidad de las relaciones.

Kenneth Gergen. El yo saturado. Dilemas de la identidad en el mundo contemporáneo. Barcelona, Paidós, 2018, pp. 81

Uno de los temas que más se habla en las reuniones entre amigos es de lo difícil que es la vida de adulto en estos tiempos. De las insatisfacciones, ansiedades y tristezas que, aún contando con mayores recursos que en siglos anteriores, acarrea el mundo contemporáneo. Distintas personas han tratado filosófica, sociológica y psicológicamente esta problemática, incluso antes de que se hiciera tan evidente como lo es hoy día. En este artículo vamos a pasearnos por algunas de las ideas que ha aportado una de las personas que se ha preocupado por este asunto. Kenneth Gergen propone que analicemos los efectos que han tenido los avances de la tecnología en el yo. Es decir, en la manera en la cual nosotros nos comprendemos a nosotros mismos.

Desde un punto de vista histórico, hay otros modos de comprender el yo que han quedado en desuso. Uno de esos modos es el que se tenía durante el romanticismo. Dicha época de nuestra historia se caracterizó por cultivar el espíritu, la pasión, la libertad. El yo era un yo romántico. Otro modo de comprender el yo es el que trajo consigo la modernidad. Esta época exigía un yo más racional, tecnificado y predecible. Esas formas de comprender el yo tenían cierta estabilidad porque las sociedades no estaban sometidas a la cantidad de cambios y contenidos que trajo consigo el conjunto de avances tecnológicos propios de los siglos XX y XXI. Kenneth Gergen considera que esos avances deben ser llamados tecnologías de la saturación porque llevaron a una hiperconectividad nunca antes vista en la historia de la humanidad.

Con una mayor conectividad, aumentan las relaciones y los contenidos, pero también aumentan las exigencias. El yo de la actualidad es un yo que está sumergido en una pluralidad infinita de voces que luchan por ganarse su atención. Ya no solo nos relacionamos con las personas que habitan en nuestro entorno, sino que hemos sido lanzados a un universo de diversidades en el que hay personas de todas las culturas y regiones del planeta. Aunque a primera vista esto parece ser totalmente bueno, lo cierto es que el yo ya no tiene un suelo tan sólido sobre el cual definirse. Lo que es bueno para una persona que habita en su entorno, quizás es malo para otra persona con la cual se relaciona a través de las redes. La saturación viene por el doble efecto de estar sometidos a interactuar intensamente con una cantidad insostenible de contenido y, a la misma vez, tener que definir un yo en medio de una pluralidad que ofrece una cantidad interminable de posibilidades.

Es cada vez más difícil tener la certeza de que actuamos de manera independiente. El yo está habitado por el ellos de una manera tan intensa que se hace cada vez más difícil establecer si al final es uno el que decide o si, en realidad,  han sido las redes sociales que nos han persuadido de que optemos por algo. Además de esos efectos que genera la exposición a las tecnologías de saturación social, otro fenómeno importante es el de la insatisfacción. En la actualidad recibimos información de todo. Aunque esto ha permitido avanzar en muchas cosas, también ha llevado a que terminemos relativizando los acontecimientos de la vida. Pocas cosas nos sorprenden porque quizás las hemos visto antes de que ocurran, ya sea en el periódico, las noticias, una película o una serie. La capacidad de asombro está más ausente cada día. En adición a eso, está el aumento de las expectativas. Al abrir nuestro yo a lo que viven tantos otros, nunca estamos satisfechos porque se nos dicen mil maneras diferentes de ser felices, de hacer el bien, y nos hacen creer que debemos intentarlo todo. Al final, siempre sentimos que nos falta algo y terminamos saturados e insatisfechos.

Un primer paso para de alguna u otra manera manejar esta situación es darle nombre a lo que vivimos. Kenneth Gergen ha sugerido el concepto de multifrenia. Con éste concepto, Gergen define el conjunto de efectos causados por las tecnologías de la saturación social en su doble efecto: el de la colonización del yo y el del afán por querer sacar provecho de esas tecnologías. Y es que no podemos negar que también nosotros nos hemos apropiado de los modos de ser propios de estos tiempos. Es importante resaltar que somos bombardeados desde el exterior y que es necesario tener periodos de desconexión para conectarnos con nuestro yo, pero también hay que ser honestos con nosotros mismos y reconocer aquellos hábitos que hemos adquirido con el objetivo de sacar supuestos provechos de la tecnología. Hábitos que terminan convirtiéndose en ritos de colonización del yo y que nos mantienen insatisfechos y saturados.

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