El mito de la pedagogía

Angel Germosen/ octubre 4, 2021

“Antes de ser el acto del pedagogo, la explicación es el mito de la pedagogía”

J.RANCIÈRE. El maestro ignorante, Barcelona, Laertes, 2003, p. 15.

Para darle un contexto a lo que se compartirá posteriormente, es necesario conocer la historia que rescata el filósofo francés Jacques Rancière en la obra citada al inicio de este texto. Se trata de un profesor y revolucionario llamado Joseph Jacotot. Luego de haber apoyado la revolución francesa, este profesor de ideales liberales, tuvo que abandonar su país tras el regreso de los borbones. Logró encontrar asilo en Lovaina y allí se dedicó a dar clases de francés a estudiantes que solo hablaban holandés. El reto estuvo en cómo enseñar algo cuando no se tenía un idioma en común ya que Jacotot sólo sabía francés. Sin embargo, para sorpresa del revolucionario, los estudiantes lograron aprender francés valiéndose sólo de los libros que él les indicó debían estudiar. Nadie les explicó la gramática o los significados de las palabras. Ellos mismos lograron aprender movidos por su propia inteligencia y voluntad.

Lo vivido por Joseph Jacotot le llevó a cuestionarse algunas cosas. ¿Son todos los seres humanos capaces de comprender lo que otros habían hecho y comprendido? ¿Cómo todos esos jóvenes lograron comprender y resolver de forma efectiva las dificultades de una lengua nueva sin haber contado con la ayuda de explicaciones? Para un profesor de tantos años como Jacotot, el que los estudiantes no necesitaran de sus explicaciones para aprender resultó ser algo impactante. Según la pedagogía clásica y sus métodos, enseñar era “transmitir conocimientos y formar los espíritus, conduciendolos, según un orden progresivo, de lo más simple a lo más complejo”. La idea central es lograr que las personas que aprenden algo lo hagan a través de la apropiación del saber que, sucesivamente, les va formando su manera de pensar y sentir. Sin embargo, luego de esta aventura, Josep Jacotot empezó a criticar el método de las explicaciones.

Hay que invertir la lógica del método de las explicaciones. Según nos dicen, necesitamos que se nos explique para poder comprender, sin embargo, lo que se nos explica es una explicación de otra explicación. Es decir, es una explicación del libro que está al alcance de nuestras manos y que fue escrito para comunicar algo a sus lectores. ¿Por qué lo que ya está explicado necesita de otra explicación? Tal como dice Rancière: “Explicar alguna cosa a alguien, es primero demostrarle que no puede comprenderla por sí mismo”. Lo que las explicaciones nos dicen es que hay una inteligencia superior y otra inferior, y que para ser parte del grupo de los “superiores” es necesario que aprendamos que no podremos comprender sin que alguien nos explique. ¿No es esto empobrecer la capacidad que tenemos los seres humanos de aprender por nosotros mismos? ¿No es este método un método de la mediocridad? ¿No será el andar a tientas el verdadero movimiento de la inteligencia humana?

La pedagogía y los pedagogos no deben dejar de existir. Lo que debe dejar de existir es la forma atontadora en la que se ha sumergido la pedagogía. Queriendo explicar, lo que hace es llevar a que las personas dejen de pensar por sí mismas. ¿Cuál es la pedagogía que más nos conviene? Aquella en la que se emancipa. Emancipar es lograr que una inteligencia no esté subordinada a otra; es colocar a una persona que quiere aprender en una situación en la cual sólo pueda salir valiéndose de sus propias capacidades; es retirar la sabiduría del maestro para que la persona que aprende construya su propio conocimiento. La nueva pedagogía debe ser un camino a la confianza en la capacidad intelectual de todo ser humano. La meta final es que usemos nuestra propia inteligencia y ganemos libertad en vez de permanecer dependientes de un saber que atonta y nos mantiene sumergidos bajo el yugo de las explicaciones.

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