Complejo de superioridad de los intelectuales

/ junio 2, 2021/ Filosofía/ 0 comentarios

En una publicación anterior hablamos de la importancia de dejar de aprender valiéndonos de explicaciones. El presente texto es la continuación de dicha idea y pretende evitar un engaño. Quizás puede llegar a interpretarse que, al no necesitar explicaciones para aprender, entonces como individuos podemos llegar a ser más sabios que el resto que aprende a través de explicaciones o que usa las explicaciones como método de enseñanza. Esto es un complejo de superioridad que es igual o peor que el sistema educativo basado hegemónico que se quiere superar. Lo primero que debe tener presente un ser pensante es que no debe engañarse atribuyéndose unas supuestas capacidades que justifiquen su engreimiento. Lo más importante es reconocer el valor propio en armonía con el valor que también tienen los demás seres vivos. El complejo de superioridad termina embruteciendo porque cierra en un círculo de propias ideas a la persona que lo cree. Mata la novedad de las ideas que pueden llegar a través del diálogo o de la escucha de las ideas de otras personas.

El placer de la conciencia de superioridad

Sin embargo, hay un placer en la conciencia de superioridad y ese placer es colectivo1. Hay una especie de acuerdo para que se creen desigualdades que justifiquen la superioridad a la que nos arrojamos constantemente. Para que el empresario sea superior debe tener empleados en su empresa, los empleados considerarán que son superiores a los que están desempleados, los desempleados también tendrán sus jerarquías porque no es lo mismo estar desempleado siendo un joven profesional que siendo un técnico en una edad cercana a la del retiro. En fin, hay una convención para consentir y hacer más fuerte las desigualdades porque ellas generan placer. La invitación para las personas que se quieran emancipar es entender que el afán de preponderancia es una distracción. Se pierden energías y grandes ideas tratando de mantener un dominio que no es por naturaleza sino por invención humana. Se sigue fomentando el absurdo de los superiores que en el fondo son inferiores porque son dependientes de un orden social basado en mentiras e imposiciones.

El miedo a la libertad

La meta es contribuir a un cambio en el que cada persona pueda reconocer su dignidad y capacidades. La sociedad de los superiores inferiores terminará cuando acontezca un empoderamiento general que desplace tanto el complejo de inferioridad como el de superioridad y lleve al gozo de pertenecer a una comunidad de iguales. También hay que combatir un miedo: el miedo a la libertad. Ser libres significa tomar responsabilidad de la propia vida. Implica cuidarse y cuidar, responderse y responder, preguntarse y preguntar. Ese compromiso genera miedo y ese miedo se manifiesta de distintas maneras. Un caso común es el de la dejadez o el de aquella persona que asume la personalidad de evitadora de conflictos. Sólo cuando hay un arrojamiento; un lanzarse a lo que se cree que es un vacío pero que en el fondo no es otra cosa que una etapa desconocida de la vida, entonces podrá ser posible ir dejando de lado la psicosis de la sociedad de los superiores intelectuales para dar paso a la comunidad de seres que se entienden igualmente dignos e igualmente capaces.  

J. Rancière. El maestro ignorante, Barcelona, Laertes, pp.: 99-178, 2003.

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